A medida que el ser humano occidental de clase media se acerca a los cuarenta, comienza a sentir la necesidad de redefinir sus cada vez más escasos momentos de ocio. El habitual esquema de esparcimiento se repite sin solución de continuidad en forma de una ingesta continuada de cervezas y cubatas -desde el clásico cubalibre de Bacardi con el que debutábamos hasta el moderno Gintonic con fresas, clavo y azafrán-, una conversación más o menos interesante y unos desafinados cánticos ante cualquier canción que nos hiciera recordar lo jóvenes que pudimos llegar a ser.
Ahora, insisto, ante la inminente alborada de los cuarenta, nos planteamos un giro en nuestras derivas, una exploración de nuevos horizontes que equipare la satisfacción que un cubata era capaz de proporcionarnos cuando todavía medíamos nuestro presupuesto en duros.
Entregados a un concienzudo trabajo de investigación, mi buen amigo Pablo (también conocido como Pablete) y yo emergimos con una serie de propuestas para analizar: paintball, rafting, puenting, billar, submarinismo, senderismo, club de fumadores de opio, club de la lucha, abrir un bar, consumir droga, vender droga, consumir más droga, morir. Todas las alternativas eran válidas, pero necesitábamos encontrar una actividad que pudiera ser del agrado de todo el G8 (apelativo que recibe nuestro grupo de amigos, en semejanza a los grupos de potencias políticas por lo trascendente de nuestras reuniones, de las que emanan importantes decisiones que cambian el curso de la historia como por ejemplo "tapeo elaborado o restaurante de señores", "Almería o Granada", entre otras). Y en esas estábamos, cuando irrumpió ante nosotros una actividad que prometía horas de diversión intelectual: Escape Room. Horas de entretenimiento en forma de rompecabezas a resolver por un grupo de amigos que necesitan aplicar su ingenio para salir de una habitación. Apenas conocíamos los pormenores del Escape Room. Únicamente las referencias que un amigo nos había dado. "Está chulo". Poca información, como veis. Pero allá que nos lanzamos.
Convocamos al grupo para el viernes siguiente, por la tarde. Concluida la semana laboral para todos nosotros, un G8 ligeramente mermado a G6 (lamentábamos las ausencias de JuanFran y Delos), acometía con cierto nerviosismo la trepidante aventura de descubrir algo nuevo. Agustín, Jorge, Juan Antonio (yo), Pablete, PacoGa y Paco Sánchez, componíamos la expedición en riguroso orden alfabético. La excitación monopolizaba nuestro estado de ánimo en clara competencia con la sed, pero supimos postergar las cervezas, el azafrán y las fresas hasta haber completado el juego. El momento requería sobriedad.
El recinto es algo similar a una bolera en lo que a su recepción respecta: tres sillas, una máquina de refrescos y un gran mostrador semicircular, tras el cual unos empleados ataviados con un polo rojo y cómodos pantalones de aventura nos recibirían con suma amabilidad y nos explicarían las instrucciones. Carlos, un joven muchacho de preceptiva barba recortada y plaquita en el pecho con su nombre, sería nuestro cicerone.
"Bien, os explico cómo va esto. Tenéis dos horas para completar todo el juego. En total hay cinco habitaciones de las que tendréis que salir, sucesivamente. En cada una de ellas encontraréis las pistas necesarias para poder salir. Podéis estar en cada habitación un máximo de una hora. Pero tened en cuenta que si gastáis todo el tiempo en dos habitaciones, es imposible que hagáis las cinco. [Inciso: en general no me gusta el verbo gastar para referirse al tiempo; aunque tal vez en este contexto tenía sentido]. El precio del juego son veinte euros por persona. Si no conseguís salir de la primera habitación en una hora, se acaba el juego. ¿Lo habéis entendido?".
"Sí", contestamos al unísono. "¿Hay niveles de dificultad? ¿O esto es igual para todo el mundo?", preguntó Pablete.
"Bien, lo de los niveles", dijo Carlos, que hablaba con un tono de voz, a mi juicio, injustificadamente alto para lo silencioso de aquella recepción. "Hay tres niveles, básico o iniciación, medio y avanzado. Podéis elegir nivel. Si elegís el avanzado, todas las habitaciones serán complicadas. Si no lo habéis hecho nunca, yo quizá os recomendaría empezar por el básico".
"Pero, ¿el avanzado es muy difícil? A ver, tú nos ves a nosotros, ¿no? ¿Crees que seríamos capaces?", insistió Pablete.
"Pablete, ¿y él cómo lo va a saber, por lo feos que somos?", respondían Jorge y Agustín al unísono.
"Yo qué sé, a nosotros se nos ve que somos tíos inteligentes, ¿no?". Pablo adornó esta frase con unas irónicas muecas, evidenciando un moderado retraso mental que estuvo a punto de dar con nuestros huesos en la calle.
"Bien, lo del nivel avanzado. Hay gente que viene por primera vez y hace el avanzado y lo termina. Pero otros no. Eso ya vosotros". Me empezaba a preguntar si Carlos iniciaría todas sus peroratas siempre con un "Bien".
Organizamos un breve cónclave:
"Chicos, ¿qué hacemos? Yo haría el avanzado", nos instigaba Pablete.
Paco Sánchez y Pacoga no estaban del todo de acuerdo: "Digo yo, que si hay uno de iniciación será por algo, ¿no?", razonaba el guitarrista aportando coherencia.
"Bah, no seamos cagaos, seguro que nos lo pasamos mejor en el avanzado. ¿Vamos?", apoyé a Pablo.
Tras unos segundos de vacilación y escasez de palabras, Pablete anunció el veredicto:
"El avanzado".
"Bien, seguidme por aquí".
Recorrimos un pasillo. Bajamos una escalera. Otro pasillo. Una puerta que se abre, entramos. Se cierra a nuestras espaldas. Al otro lado de esa puerta, otro pasillo, ligeramente oscuro. "¿Estamos todos?", pregunté. Sí, estábamos. Tras este nuevo pasillo, de apariencia cloáquica, una corta escalera nos condujo a una especie de sótano húmedo al fondo del cual había una puerta roja. "Esa es vuestra puerta". Giro de llaves, clic, se enciende una luz.
"Bien, esta es la primera sala". Su voz retumbaba en las catacumbas escapísticas. "Todas las instrucciones las encontraréis aquí dentro. No me podéis hacer preguntas. Sólo os diré que cuando creáis saber la solución, tenéis que teclearla en este terminal. Son cuatro dígitos, como un pin de una tarjeta de crédito [Simil innecesario para un grupo de avanzados, pero sigamos]. Sólo tenéis un intento. No podéis estar probando todos los números porque entonces sería muy fácil. ¿Vale? Si en algún momento necesitáis salir, pulsad este botón y os abriré la puerta. No os preocupéis, no tengáis miedo, es sólo un juego, ¿vale? ¿Alguna pregunta?".
"Yo tengo una pregunta, pero como has dicho que no te podíamos hacer preguntas, mejor me la guardo, ¿no?", respondía Agustín entre risillas, con su habitual sagacidad.
"Bien, el tiempo comienza cuando yo cierre. ¡Suerte chicos!".
La puerta sonó con un fuerte estruendo y dejó tras de sí un eco que nos mantuvo en silencio durante cinco o seis segundos.
Recobrado el aliento, iniciamos la inspección de la sala. Era cuadrada, aproximadamente cuatro por cuatro metros. Por todo mobiliario, la habitación albergaba una pequeña mesa de escritorio en el centro de la misma. La luz era suministrada por una lámpara que colgaba del techo. Una de esas lámparas con un largo cordel desembocando en una pantalla o tulipa que aísla en su mayor parte una bombilla azul del contacto directo con los ojos. La bombilla caía a escasos cincuenta centímetros de la mesa, permitiendo apreciar con precisión todos sus detalles y recovecos. Era de un color marrón parduzco, de madera vieja, perfectamente integrable en el mobiliario al uso de una casa rural de alquiler turístico. No había sillas. Ni ventanas. Ni otros objetos. Únicamente la mesa y la lámpara, que proporcionaba una tenue luz apenas suficiente para distinguir las dimensiones de la estancia. Al lado de la puerta, se anclaba el terminal que nos daría la libertad.
Sobre la mesa, un papel, a por él cuál nos precipitamos todos de forma atropellada, invadidos por la ansiedad del momento y con la evidente convicción de encontrar en él las instrucciones. Jorge llegó el primero y, cogiendo el papel con sus manos, lo leyó en voz alta:
"Merlín".
"Merlín", repetía Pablete con la mirada perdida y tono reflexivo.
Eso era todo lo que ponía en el papel: MERLIN. En mayúsculas, en el centro exacto de un folio blanco escrito con letras negras: MERLIN. El tamaño de fuente podía ser el adecuado para redactar una carta, por ejemplo podíamos estar ante una Arial, 8pt, o quizá algo más, pero no era un tamaño apto para títulos o encabezados. Y allí no había nada más.
"A lo mejor tenemos que hacer magia", sugería Agustín.
Continuará...
domingo, 15 de enero de 2017
lunes, 9 de enero de 2017
Lecturas 2016: Objetivo cumplido
Inspirado por la recopilación de libros leídos que cada año realiza puntualmente el gran Guillermo López García en su blog, me he animado a elaborar la lista con la que he alcanzado y superado el objetivo de 25 lecturas del cual dejé constancia en Goodreads a principio de año.
Efectuada la segmentación de libros por meses (idea y formato copiados de Guillermo), observo que enero se consolida como mi mes estrella, año tras año. Tal vez sea por aquello de los propósitos de año nuevo, que elaboro tan fielmente como incumplo.
Por elegir un criterio, he emplazado cada libro en el mes en que lo finalizo. De esta forma, el causante de la sequía en febrero no es Jesús me quiere sino Crimen y Castigo, que me llevó casi todo febrero y parte de marzo.
Aquí os detallo los libros que me ha tocado sufrir y disfrutar (en proporciones variables) en 2016. Tres de ellos los leí en inglés, tal y como se indica en la línea correspondiente:
Enero
1. El secreto de la modelo extraviada, de Eduardo Mendoza
2. Etica para Amador, de Fernando Savater
3. Ficciones, de Jorge Luis Borges
4. Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
5. Encuentro con los Otros, de Ryszard Kapuscinski
Febrero
6. Jesús me quiere, de David Safier
Marzo
7. Crimen y Castigo, de Fjodor Dostojevski
8. El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon
Abril
9. Matar a un ruiseñor, de Harper Lee
10. A Field Guide to Getting Lost, de Rebecca Solnit (en inglés)
Mayo
11. La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón
12. El Viejo y el Mar, de Ernst Hemingway
Junio
13. El Catolicismo explicado a las ovejas, de Juan Eslava Galan
14. Las Particulas Elementales, de Michel Houellebecq
15. La Perla, de John Steinbeck
Julio
16. A Sangre Fría, de Truman Capote
17. El Principito, de Antoine de Saint-Exupery
18. The Wisdom of Insecurity, de Alan S. Watts (en inglés)
Agosto
19. Soy Pilgrim, de Terry Hayes
Septiembre
20. Senda de Campeones, de Martí Perarnau
21. De Ratones y Hombres, de John Steinbeck
22. Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut
Octubre
23. El Juego del Ángel, de Carlos Ruiz Zafón
24. The Last Girlfriend on Earth and other love stories, de Simon Rich (en inglés)
25. La Chica del Tren, de Paula Hawkins
Noviembre
26. Historia de España contada para escépticos, de Juan Eslava Galan
Diciembre
27. La Tabla de Flandes, de Arturo Pérez-Reverte
0. El Ruido y la Furia, de William Faulkner (abandonado por infumable)
Me resultaría demasiado laborioso escribir una reseña de cada uno de ellos, principalmente porque el recuerdo de los detalles se va difuminando. Me limitaré a hacer el difícil (y divertido) ejercicio de seleccionar los tres mejores y los tres peores:
Los tres mejores
7. Crimen y Castigo, de Fjodor Dostojevski
4. Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
24. The Last Girlfriend on Earth and other love stories, de Simon Rich (en inglés)
Los tres peores
5. Encuentro con los Otros, de Ryszard Kapuscinski
10. A Field Guide to Getting Lost, de Rebecca Solnit (en inglés)
0. El Ruido y la Furia, de William Faulkner (abandonado por infumable)
Y este ha sido mi año 2016 en lo que a lecturas se refiere. ¿Qué os parece?
Iniciamos ahora 2017 con el mismo objetivo de 25 libros. ¿Seré capaz de mantener el listón?
¡Felices lecturas a todos!
Efectuada la segmentación de libros por meses (idea y formato copiados de Guillermo), observo que enero se consolida como mi mes estrella, año tras año. Tal vez sea por aquello de los propósitos de año nuevo, que elaboro tan fielmente como incumplo.
Por elegir un criterio, he emplazado cada libro en el mes en que lo finalizo. De esta forma, el causante de la sequía en febrero no es Jesús me quiere sino Crimen y Castigo, que me llevó casi todo febrero y parte de marzo.
Aquí os detallo los libros que me ha tocado sufrir y disfrutar (en proporciones variables) en 2016. Tres de ellos los leí en inglés, tal y como se indica en la línea correspondiente:
Enero
1. El secreto de la modelo extraviada, de Eduardo Mendoza
2. Etica para Amador, de Fernando Savater
3. Ficciones, de Jorge Luis Borges
4. Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
5. Encuentro con los Otros, de Ryszard Kapuscinski
Febrero
6. Jesús me quiere, de David Safier
Marzo
7. Crimen y Castigo, de Fjodor Dostojevski
8. El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon
Abril
9. Matar a un ruiseñor, de Harper Lee
10. A Field Guide to Getting Lost, de Rebecca Solnit (en inglés)
Mayo
11. La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón
12. El Viejo y el Mar, de Ernst Hemingway
Junio
13. El Catolicismo explicado a las ovejas, de Juan Eslava Galan
14. Las Particulas Elementales, de Michel Houellebecq
15. La Perla, de John Steinbeck
Julio
16. A Sangre Fría, de Truman Capote
17. El Principito, de Antoine de Saint-Exupery
18. The Wisdom of Insecurity, de Alan S. Watts (en inglés)
Agosto
19. Soy Pilgrim, de Terry Hayes
Septiembre
20. Senda de Campeones, de Martí Perarnau
21. De Ratones y Hombres, de John Steinbeck
22. Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut
Octubre
23. El Juego del Ángel, de Carlos Ruiz Zafón
24. The Last Girlfriend on Earth and other love stories, de Simon Rich (en inglés)
25. La Chica del Tren, de Paula Hawkins
Noviembre
26. Historia de España contada para escépticos, de Juan Eslava Galan
Diciembre
27. La Tabla de Flandes, de Arturo Pérez-Reverte
0. El Ruido y la Furia, de William Faulkner (abandonado por infumable)
Me resultaría demasiado laborioso escribir una reseña de cada uno de ellos, principalmente porque el recuerdo de los detalles se va difuminando. Me limitaré a hacer el difícil (y divertido) ejercicio de seleccionar los tres mejores y los tres peores:
Los tres mejores
7. Crimen y Castigo, de Fjodor Dostojevski
4. Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
24. The Last Girlfriend on Earth and other love stories, de Simon Rich (en inglés)
Los tres peores
5. Encuentro con los Otros, de Ryszard Kapuscinski
10. A Field Guide to Getting Lost, de Rebecca Solnit (en inglés)
0. El Ruido y la Furia, de William Faulkner (abandonado por infumable)
Y este ha sido mi año 2016 en lo que a lecturas se refiere. ¿Qué os parece?
Iniciamos ahora 2017 con el mismo objetivo de 25 libros. ¿Seré capaz de mantener el listón?
¡Felices lecturas a todos!
domingo, 8 de septiembre de 2013
JJOO 2020: España tendrá que esperar
Una vez más, y ya van tres consecutivas, los miembros del COI han decidido que la candidatura de Madrid no es la más adecuada para albergar unos Juegos Olímpicos, decantándose esta vez por la ciudad de Tokio. Y a medida que van pasando las horas tras la comunicación del veredicto, veo cada vez más razones para justificar esta decisión.
viernes, 16 de diciembre de 2011
Nuevas experiencias
Hoy, como cada año, asistiré a la tradicional comida navideña con mis compañeros y amigos del alma. Sin excepción, esta cita se presenta periódicamente en forma de maratón de carcajadas, comida, alcohol y buen rollo. Hoy, por tanto, no iré a la piscina. El miércoles tampoco fui, con el fin de acelerar el proceso de curación de un catarro que ponía en jaque mi presencia en el evento de hoy. Sigo resfriado, pero creo que aguantaré el tirón. Hang in there, baby!
domingo, 22 de mayo de 2011
Yo también estoy indignado
Demostrando una vez más que las redes sociales sirven para algo más que hacer clic en un enlace que reza "Me gusta el bocadillo de Nocilla", los ciudadanos de este país, jóvenes y no tan jóvenes, de izquierdas y de derechas (y también mixtos, indefinidos, etc.), de pelo largo o pelo corto (o ausencia del mismo), del Madrid o del Barça (o del Valencia, Sevilla, Eibar, etc.) han aunado sus fuerzas, saliendo a la calle para protestar contra una situación que consideran perjudicial para sus intereses. Para nuestros intereses. Desde aquí, me uno incondicionalmente a estas "silenciosas" protestas, pues mi descontento con el sistema en el que vivimos, los políticos que nos dirigen, una gran parte de los medios de comunicación que nos informan y el panorama al que estamos abocados, no puede ser mayor.
domingo, 10 de abril de 2011
Habemus tele
¡Huy! ¡Pero si yo tenía un blog! ¿Se me había olvidado? ¿Se ha convertido en una víctima más de mi inconsciente desinterés hacia todo cuanto no representa una novedad? Sin duda, habré de poner más empeño en encajar las piezas del complicado rompecabezas que supone maximizar el aprovechamiento de mi escaso tiempo libre.
En estas tres semanas de ausencia bloguera han sucedido unas cuantas cosas. Relatémoslas con una mezcla de importancia y cronología:
1) Regresé con éxito del viaje que me tuvo por tierras gallegas durante una semana, concretamente en la ciudad de La Coruña, en la que no omitir el artículo es equivalente a llevar una camiseta que diga "no soy gallego". In other words: un gallego nunca diría La Coruña, siempre Coruña. Debe ser algo parecido a lo que ocurre con Las Vegas en EEUU.
Lejos de las intenciones de mi viaje estaba escrutar el número de artículos y preposiciones utilizado por los autóctonos en sus conversaciones cotidianas: fui a visitar a la familia que tengo por allí, y a asistir cuanto pude en la exitosa intervención quirúrjica a la que se sometía uno de ellos. Bueno, dicho así parece que estuve dándole el bisturí al cirujano. Ya me entendéis.
2) El pasado domingo 3 de abril se registraba el primer abandono de mi carrera deportiva en Orientación. Un minucioso análisis de lo ocurrido nos llevaría a concluir que el fracaso del domingo comenzaba a fraguarse el jueves: al encontrar los primeros huecos ya ocupados, hube de inscribirme a las 10:46, retrasando mi hora de salida en unos cuarenta minutos respecto a mi hora de salida habitual. En otras palabras, tuve menos tiempo del que suelo tener para completar la prueba.
Tal vez debería haberme olvidado del reloj y, de forma relajada pero no exenta de concentración, haber acometido la prueba sin prisas. Pero no. Salí corriendo como pollo sin cabeza (© Agustín) y me convertí en un error andante. Me equivocaba y me perdía invariablemente, desde que tomé la salida hasta que consumé mi abandono. Un detalle pormenorizado de todos mis errores requeriría un artículo entero.
3) Desde hace aproximadamente un año, me viene sucediendo un episodio de forma cíclica e irregular: cada mes, más o menos, decido que me voy a comprar una tele. Evalúo distintas opciones, pido consejo a amigos entendidos en la materia, consulto foros, analizo la eterna dicotomía Plasma vs LED, etc. Al final, son tantas las posibilidades y las variables a considerar, que acabo por aturullarme y, al grito de "¡a tomar por culo!", desisto, conservando mi JVC con sus 29'' y su culo gordo. 100Hz, eso sí. Cuando la compré, era una joya. 500 euros me costó.
Esta vez, el calentón ha sido definitivo. Tras emplear las 24 horas del día durante una semana completa a tomar la decisión, he conseguido decantarme por un modelo y hacerme con él. Se trata de la nueva Samsung D8000, por la que el viernes di una señal de 100 euros, abonando el resto al transportista que vendrá a traérmela el lunes. ¡Estoy impaciente! ¿Se verá bien mi nueva tele? Apuesto a que sí.
Ya he comprado patatas y frutos secos para estrenarla como se merece: con fondo verde.
En estas tres semanas de ausencia bloguera han sucedido unas cuantas cosas. Relatémoslas con una mezcla de importancia y cronología:
1) Regresé con éxito del viaje que me tuvo por tierras gallegas durante una semana, concretamente en la ciudad de La Coruña, en la que no omitir el artículo es equivalente a llevar una camiseta que diga "no soy gallego". In other words: un gallego nunca diría La Coruña, siempre Coruña. Debe ser algo parecido a lo que ocurre con Las Vegas en EEUU.
Lejos de las intenciones de mi viaje estaba escrutar el número de artículos y preposiciones utilizado por los autóctonos en sus conversaciones cotidianas: fui a visitar a la familia que tengo por allí, y a asistir cuanto pude en la exitosa intervención quirúrjica a la que se sometía uno de ellos. Bueno, dicho así parece que estuve dándole el bisturí al cirujano. Ya me entendéis.
2) El pasado domingo 3 de abril se registraba el primer abandono de mi carrera deportiva en Orientación. Un minucioso análisis de lo ocurrido nos llevaría a concluir que el fracaso del domingo comenzaba a fraguarse el jueves: al encontrar los primeros huecos ya ocupados, hube de inscribirme a las 10:46, retrasando mi hora de salida en unos cuarenta minutos respecto a mi hora de salida habitual. En otras palabras, tuve menos tiempo del que suelo tener para completar la prueba.
Tal vez debería haberme olvidado del reloj y, de forma relajada pero no exenta de concentración, haber acometido la prueba sin prisas. Pero no. Salí corriendo como pollo sin cabeza (© Agustín) y me convertí en un error andante. Me equivocaba y me perdía invariablemente, desde que tomé la salida hasta que consumé mi abandono. Un detalle pormenorizado de todos mis errores requeriría un artículo entero.
3) Desde hace aproximadamente un año, me viene sucediendo un episodio de forma cíclica e irregular: cada mes, más o menos, decido que me voy a comprar una tele. Evalúo distintas opciones, pido consejo a amigos entendidos en la materia, consulto foros, analizo la eterna dicotomía Plasma vs LED, etc. Al final, son tantas las posibilidades y las variables a considerar, que acabo por aturullarme y, al grito de "¡a tomar por culo!", desisto, conservando mi JVC con sus 29'' y su culo gordo. 100Hz, eso sí. Cuando la compré, era una joya. 500 euros me costó.
Esta vez, el calentón ha sido definitivo. Tras emplear las 24 horas del día durante una semana completa a tomar la decisión, he conseguido decantarme por un modelo y hacerme con él. Se trata de la nueva Samsung D8000, por la que el viernes di una señal de 100 euros, abonando el resto al transportista que vendrá a traérmela el lunes. ¡Estoy impaciente! ¿Se verá bien mi nueva tele? Apuesto a que sí.
Ya he comprado patatas y frutos secos para estrenarla como se merece: con fondo verde.
sábado, 19 de marzo de 2011
La intervención militar en Libia
La figura del dictador se caracteriza por establecerse en el poder, generalmente por la fuerza, sin valorar el rechazo de gran parte de su pueblo y de la comunidad internacional. Acceden a la poltrona tras una guerra o de forma hereditaria y se perpetúan en ella, censurando y castigando a todo aquél que ose cuestionar su supremacía.
En el norte de África, en los últimos meses estamos presenciando revueltas del pueblo contra sus "líderes". La gente está harta y ha salido a la calle. Nadie es ajeno a cuanto está ocurriendo.
En el norte de África, en los últimos meses estamos presenciando revueltas del pueblo contra sus "líderes". La gente está harta y ha salido a la calle. Nadie es ajeno a cuanto está ocurriendo.
sábado, 12 de marzo de 2011
El día nacional del pisco chileno
Desde el año 2008, cada 15 de mayo se celebra en Chile el Día Nacional del Pisco Chileno. El país austral rinde homenaje en este día a una de sus más antiguas bebidas, no exenta de cierta polémica por aquellas tierras ya que los peruanos reclaman para sí la originalidad del producto.
La realidad, pese a las protestas peruanas, demuestra que la producción de este característico aguardiente de uva en los campos chilenos data del siglo XVI -cuando se realizaron las primeras plantaciones en la ciudad de La Serena- y que su producción anual es ampliamente superior a la obtenida por su vecino del norte.
La realidad, pese a las protestas peruanas, demuestra que la producción de este característico aguardiente de uva en los campos chilenos data del siglo XVI -cuando se realizaron las primeras plantaciones en la ciudad de La Serena- y que su producción anual es ampliamente superior a la obtenida por su vecino del norte.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Para ser conductor de primera: ¡freeeena, freeeena!
Hace unas semanas se anunciaba una nueva medida extraordinaria del gobierno y, como es preceptivo en estos tiempos de gatillo fácil e invariable condena, la maquinaria demagógica se puso en marcha sin demora.
Yo lo confieso: no tengo ni idea de cuánto se va a ahorrar con la nueva limitación de 110 km/h impuesta a partir del 7 de marzo de 2011 en nuestras autovías y autopistas. Tampoco fui invitado a ninguna de las reuniones del gobierno en las que se fraguó la decisión, por tanto, no puedo revelar intenciones ocultas -como el incremento de la recaudación en concepto de multas de tráfico- de la misma. Por lo leído, observado y escuchado en los últimos días y haciendo una estimación, diría que en cada una de esas reuniones había diez o quince millones de personas, pues todo el mundocree saber sabe a ciencia cierta mucho más de lo que el gobierno ha publicado. Diría que esto ocurre en casi todos los asuntos de cierta repercusión.
Yo lo confieso: no tengo ni idea de cuánto se va a ahorrar con la nueva limitación de 110 km/h impuesta a partir del 7 de marzo de 2011 en nuestras autovías y autopistas. Tampoco fui invitado a ninguna de las reuniones del gobierno en las que se fraguó la decisión, por tanto, no puedo revelar intenciones ocultas -como el incremento de la recaudación en concepto de multas de tráfico- de la misma. Por lo leído, observado y escuchado en los últimos días y haciendo una estimación, diría que en cada una de esas reuniones había diez o quince millones de personas, pues todo el mundo
domingo, 6 de marzo de 2011
Sensaciones habituales
Hay ciertos episodios que se repiten a lo largo de nuestra vida, una y otra vez. Golpear salvajemente con el siempre vulnerable dedo meñique la dura pata de una mesa, beber un trago de agua cuando la sed nos castiga con fiereza o sentarnos en el trono a poner un huevo por la mañana, son momentos que tienen lugar con cierta regularidad, por más que intentemos evitar algunos de ellos. Su denominador común es que todos nos producen una sensación característica.
Ayer, mientras pasaba la aspiradora y escuchaba música, entendí una estrofa de una canción que nunca había entendido. O, mejor dicho, que siempre entendí de otra forma, con profundo convencimiento de que así era. Y me puse a pensar en la cantidad de cosas que, de críos, aceptamos de cierta forma sin cuestionarnos. Posteriormente, algo más creciditos, reparamos en nuestro error y se nos crea un sentimiento contradictorio -y característico-: "¿cómo he podido creer algo durante tanto tiempo y estar equivocado? ¿Cómo reemplazo ahora una creencia tan firmemente establecida?". Para informáticos: ¿cómo modificamos algo que tenemos almacenado en nuestra ROM?
Ayer, mientras pasaba la aspiradora y escuchaba música, entendí una estrofa de una canción que nunca había entendido. O, mejor dicho, que siempre entendí de otra forma, con profundo convencimiento de que así era. Y me puse a pensar en la cantidad de cosas que, de críos, aceptamos de cierta forma sin cuestionarnos. Posteriormente, algo más creciditos, reparamos en nuestro error y se nos crea un sentimiento contradictorio -y característico-: "¿cómo he podido creer algo durante tanto tiempo y estar equivocado? ¿Cómo reemplazo ahora una creencia tan firmemente establecida?". Para informáticos: ¿cómo modificamos algo que tenemos almacenado en nuestra ROM?
viernes, 4 de marzo de 2011
Mourinho y la hipocresía
Allá por el mes de septiembre, se inició uno de esos absurdos cruces de declaraciones que tan escasamente nos suelen enriquecer. Procuro hacer caso omiso de todas estas banalidades, pero hay episodios que, a mi juicio, no deben pasar desapercibidos. Los protagonistas fueron Jose Mourinho, entrenador del Real Madrid, y Manuel Preciado, técnico del Sporting. El desencadenador, como no podía ser de otra forma, el primero de ellos. El portugués aseguraba que su máximo rival, el Fútbol Club Barcelona, parte con ventaja pues sus rivales no compiten contra ellos con la misma intensidad con la que se enfrentan al equipo capitalino. Y materializaba sus quejas en la figura de Preciado, al afirmar que presentó un once cargado de suplentes en el Camp Nou.
Por otra parte, en los últimos días Mourinho ha insinuado que todos los habitantes del planeta, excepto él, somos unos hipócritas.
Por otra parte, en los últimos días Mourinho ha insinuado que todos los habitantes del planeta, excepto él, somos unos hipócritas.
miércoles, 2 de marzo de 2011
La opinión en la prensa deportiva
Durante toda mi vida he sido un gran consumidor de prensa deportiva. Con ocho o nueve años -o tal vez antes-, ya me gustaba comprarme el AS, que recuerdo costaba treinta y cinco pesetas de las antiguas pesetas. Por aquel entonces, al no haber recibido educación futbolera partidista en casa, simpatizaba con el equipo por defecto -léase la polisemia del término- de todos los españoles: el Real Madrid. Sí, tengo que reconocerlo. Durante algunos años de mi vida me deleitaba con los goles -con posterior voltereta o lo anulaban- de Hugo Sánchez, las fintas del Buitre y las incursiones por banda de Míchel. Menos mal que crecí...
Años después, el aterrizaje de Cruyff en el banquillo del Barça se alineaba con mi llegada a los 12 años. A esa edad se me abrieron los ojos y, de forma progresiva, fui tiñendo de azul y grana mis otrora blancos paños.
Años después, el aterrizaje de Cruyff en el banquillo del Barça se alineaba con mi llegada a los 12 años. A esa edad se me abrieron los ojos y, de forma progresiva, fui tiñendo de azul y grana mis otrora blancos paños.
martes, 1 de marzo de 2011
Curando lesiones
Hace un ratito volvía a casa tras la primera de nosecuantas sesiones de fisio, prescritas por el médico con el firme objetivo de averiguar si estoy viejuno o si tengo una lesión transitoria de la que pronto me recuperaré. Confío en que el veredicto apunte a la segunda opción o, al menos, a una combinación de ambas.
El lugar, una de esas clínicas de fisioterapia en las cuales reina la paz: hilo musical, apenas una o dos personas transitando por ahí, todo muy ordenado, muy cálido.
El lugar, una de esas clínicas de fisioterapia en las cuales reina la paz: hilo musical, apenas una o dos personas transitando por ahí, todo muy ordenado, muy cálido.
domingo, 27 de febrero de 2011
Orientación en La Marina
Domingo. Siete de la mañana. Suena el despertador. Estamos locos.
Cuando el reloj alcanzaba la escarpada cima de las ocho de la mañana, Gema y yo recogíamos a mi amigo Agustín -a quien veréis aparecer con cierta frecuencia en los comentarios de este blog- en su casa, y nos dirigíamos a La Marina (Alicante), donde tenía lugar una nueva carrera de orientación, organizada esta vez por la Universidad de Alicante, lo que ha propiciado que concurriera al evento un gran número de jóvenes universitarios y universitarias. Además, la carrera era la cuarta del año puntuable para la Liga Regional de Murcia y valedera también para la Liga de la Comunidad Valenciana, el Campeonato Autonómico de Deporte Universitario y el Campeonato Escolar de la Comunidad Valenciana. Ahí es nada...
Cuando el reloj alcanzaba la escarpada cima de las ocho de la mañana, Gema y yo recogíamos a mi amigo Agustín -a quien veréis aparecer con cierta frecuencia en los comentarios de este blog- en su casa, y nos dirigíamos a La Marina (Alicante), donde tenía lugar una nueva carrera de orientación, organizada esta vez por la Universidad de Alicante, lo que ha propiciado que concurriera al evento un gran número de jóvenes universitarios y universitarias. Además, la carrera era la cuarta del año puntuable para la Liga Regional de Murcia y valedera también para la Liga de la Comunidad Valenciana, el Campeonato Autonómico de Deporte Universitario y el Campeonato Escolar de la Comunidad Valenciana. Ahí es nada...
sábado, 26 de febrero de 2011
Psicología de andar por casa
Disponemos de una gran abundancia de recursos que nos enseñan técnicas para cultivar nuestro cuerpo. Desde el más básico mantenimiento hasta la más avanzada musculación, podemos optar por un sinfín de tablas de ejercicios que mantendrán nuestro cuerpo fat-free, cuanto menos.
Más dispersas y confusas se nos muestran las opciones para el perfeccionamiento de nuestra mente. ¿Acaso es menos importante ser feliz con nosotros mismos que tener un cuerpo diez? ¿Estamos tan obsesionados con mitigar ese antiestético michelín que no alcanzamos a comprender que lo que nos atormenta no es realmente ese pliegue de gordura (según dicta la RAE en la definición de michelín) sino la profunda autoincomprensión de la que adolecemos?
Más dispersas y confusas se nos muestran las opciones para el perfeccionamiento de nuestra mente. ¿Acaso es menos importante ser feliz con nosotros mismos que tener un cuerpo diez? ¿Estamos tan obsesionados con mitigar ese antiestético michelín que no alcanzamos a comprender que lo que nos atormenta no es realmente ese pliegue de gordura (según dicta la RAE en la definición de michelín) sino la profunda autoincomprensión de la que adolecemos?
jueves, 24 de febrero de 2011
Periodismo del bueno en la sierra andaluza
Motivado por la admiración que profeso al brillante trabajo que realizan los chicos de El Mundo Today, intenté ponerme en contacto con una de sus redactoras con el fin de concertar una entrevista para EBDJASA.
No fue difícil localizar a Angelita, quien compagina su tarea de escritora y reportera con la de profesora de apoyo en un instituto de Puebla de Don Fadrique (Granada). Allí nos recibió el pasado viernes alrededor de las once de la mañana, cuando acababa de impartir su última y única clase de ese día.
No fue difícil localizar a Angelita, quien compagina su tarea de escritora y reportera con la de profesora de apoyo en un instituto de Puebla de Don Fadrique (Granada). Allí nos recibió el pasado viernes alrededor de las once de la mañana, cuando acababa de impartir su última y única clase de ese día.
miércoles, 23 de febrero de 2011
El 23-F: una fecha clave
En el año 1981, el día 23 de febrero se hizo un hueco en la historia de las fechas célebres de nuestro país. Desde aquel día, los medios de comunicación repiten año tras año las mismas imágenes, los mismos sonidos, los mismos textos. No me parece mal, pese a lo reiterativo. Es parte de nuestra historia y veo razonable que, al menos, dediquemos un día al año a recordar cada uno de nuestros puntos de inflexión.
En lo personal, la fecha del 23-F es importante por otro motivo. Justo cuatro años antes de la entrada de Tejero en el Congreso de los Diputados al grito de "to el mundo al suelo", nacía uno de los mejores amigos que he tenido en toda mi vida.
En lo personal, la fecha del 23-F es importante por otro motivo. Justo cuatro años antes de la entrada de Tejero en el Congreso de los Diputados al grito de "to el mundo al suelo", nacía uno de los mejores amigos que he tenido en toda mi vida.
lunes, 21 de febrero de 2011
Los magos del Diario As
La prensa española sigue acumulando éxitos. Hoy, el Diario As nos ha regalado una nueva muestra de desfachatez e indecencia para añadir a la colección: una de las manipulaciones más evidentes de las que tenemos constancia en los últimos tiempos.
domingo, 20 de febrero de 2011
Nueva prueba superada
Pese a haber hecho la peor puntuación en lo que llevamos de temporada -sólo son 43 puntos los que añado a mi ranking-, de nuevo el balance es positivo. Al igual que en la ocasión anterior, partía con la finalización de la carrera con pocos errores como único objetivo. Me voy satisfecho, pues considero que he cumplido este objetivo tan subjetivo. Voy consolidando conocimientos, cometiendo cada vez menos errores. Poco a poco.
jueves, 17 de febrero de 2011
Por favor, no nos quiten la ficción
Alberto Cerúleo es un chico simpático. Sabe hacer reír a sus amigos, a sus padres, a su abuela, a sus compañeros de trabajo. Además, pertenece a ese selecto grupo de personas que siempre tienen la frase adecuada en el momento preciso. Capaz de resolver conflictos y, reconozcámoslo, con una habilidad innata para generarlos -y salir fortalecido de ellos-, Alberto es el ejemplo de líder. Enamoradizo como pocos, la vida le ha ido arrastrando de amor en amor, con el sufrimiento final como denominador común de todos ellos.
El miércoles pasado estaba sentado en su banco favorito del muelle, como cada día de la semana. Se dirige allí todas las noches con el único fin -aunque él no lo admita- de incrementar su frustración: la ve pasar, alegre y despreocupada, del brazo de su amado; sonríe, suspira, deja volar su imaginación durante veinte segundos -tal vez sean veinte minutos, el tiempo se detiene- y vuelve a casa, caminando con los hombros encogidos y las manos en los bolsillos jugando con dos monedas, mientras sus pensamientos planean en el cielo de sus deseos.
Algo debió ocurrir el miércoles pasado: ella no apareció. Era la primera vez que esto ocurría desde que Alberto acudía a aquel banco. Presa de los nervios, anduvo alrededor de su banco dando pasos confusos y desorientados, hasta que decidió recurrir a uno de los más socorridos trucos para retrasar -y multiplicar- la frustración: el alcohol. Se dirigió al bar más cercano, aquel al que nunca había entrado porque era un bar de viejos, y pidió un whisky con hielo. Tres lingotazos después y tras haber justificado su desazón con sumo detalle ante el resignado camarero, encendió un cigarro y respiró hondo.
Ahora, varios días después, Alberto Cerúleo debe pagar 30 euros de multa por fumar en un bar. Yo no pagaré esta multa porque no soy Alberto Cerúleo, soy Juan Antonio S.A. Alberto Cerúleo no puede pagar la multa porque es un personaje de ficción y, como tal, no existe en la realidad. No tiene más derechos ni más deberes que los que su creador, yo en este caso, quiera otorgarle. ¿Quién pagará la multa? Nadie, espero.
Confío en que se imponga la cordura y el razonamiento del párrafo anterior se aplique al incidente que ha originado el relato de Alberto Cerúleo.
Si nos quitan la ficción, ¿qué nos queda?
El miércoles pasado estaba sentado en su banco favorito del muelle, como cada día de la semana. Se dirige allí todas las noches con el único fin -aunque él no lo admita- de incrementar su frustración: la ve pasar, alegre y despreocupada, del brazo de su amado; sonríe, suspira, deja volar su imaginación durante veinte segundos -tal vez sean veinte minutos, el tiempo se detiene- y vuelve a casa, caminando con los hombros encogidos y las manos en los bolsillos jugando con dos monedas, mientras sus pensamientos planean en el cielo de sus deseos.
Algo debió ocurrir el miércoles pasado: ella no apareció. Era la primera vez que esto ocurría desde que Alberto acudía a aquel banco. Presa de los nervios, anduvo alrededor de su banco dando pasos confusos y desorientados, hasta que decidió recurrir a uno de los más socorridos trucos para retrasar -y multiplicar- la frustración: el alcohol. Se dirigió al bar más cercano, aquel al que nunca había entrado porque era un bar de viejos, y pidió un whisky con hielo. Tres lingotazos después y tras haber justificado su desazón con sumo detalle ante el resignado camarero, encendió un cigarro y respiró hondo.
Ahora, varios días después, Alberto Cerúleo debe pagar 30 euros de multa por fumar en un bar. Yo no pagaré esta multa porque no soy Alberto Cerúleo, soy Juan Antonio S.A. Alberto Cerúleo no puede pagar la multa porque es un personaje de ficción y, como tal, no existe en la realidad. No tiene más derechos ni más deberes que los que su creador, yo en este caso, quiera otorgarle. ¿Quién pagará la multa? Nadie, espero.
Confío en que se imponga la cordura y el razonamiento del párrafo anterior se aplique al incidente que ha originado el relato de Alberto Cerúleo.
Si nos quitan la ficción, ¿qué nos queda?
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