Como ya sabéis, por sugerencia de mi Gema, hemos empezado a reunir la colección de libros titulada "Las Claves de la Ciencia", de la que El Mundo vende un ejemplar cada domingo de forma conjunta e inseparable con el periódico. Cada semana, bajo a por el libro e intento renunciar al periódico, solicitud que el kioskero rehúsa tajante diciendo que "el libro va con el periódico". Por si su respuesta no fuera suficiente, esgrime unas amenazadoras tijeras que me hacen retroceder dos pasos, temeroso de un mal mayor; alejada mi presencia, y en un arranque de ira incontrolable, recorta un trozo del periódico que él llama "el cuponcito". Al parecer, debe destrozarme el periódico para que no le revoquen la licencia de armas, o algo así.
De vuelta en casa, cuando hojeo el periódico siempre encuentro algún que otro artículo cuya lectura atenta u oteo fugaz me hace pensar: "¡Qué disparate! Esto lo contaré luego en el blog". Unas veces lo cuento y otras lo descarto, bien porque prefiero contar otras cosas o por pensar que el mencionado disparate únicamente toma tal cariz sólo desde una perversa subjetividad que prefiero evitar.
El domingo pasado, venía -en uno de los suplementos- una entrevista a Rufino Etxeberría, piedra angular de Sortu, la nueva formación política que representa los ideales de la izquierda abertzale.
El titular de esta entrevista es alarmante: "Nos guiamos por lo que dice ETA". ¿Qué? Afloran las contradicciones on my mind: ¿cómo pudieron decir el otro día que rechazaban la violencia en general (includa la de ETA) y que no tenían nada que ver con ETA y ahora decir que se guían por ellos? ¿Mintió? ¿Miente ahora?
Leamos el artículo.
No sé si reírme o llorar. No sé si indignarme o pensar que es más de lo mismo, una manipulación más, y no darle importancia.
¿Sabéis qué quería decir realmente Rufino con esa frase? Que él no ha hablado con ETA directamente, pero que tiene la sensación de que esta vez la tregua va en serio. ¿Por qué? Porque ETA lo ha dicho, y ellos confían en esto. Se basan (= guían, en este contexto) en lo que dice ETA para concluir que renuncian a la violencia.
¿Es esto lo que insinuaba el titular? ¿Qué pretendía el periodista? ¿Qué porcentaje de la población lee sólo los titulares del periódico? Me temo que es alto. Jugando a adivinar, yo diría que por encima del 70%. Esto significa que la mayoría de la ciudadanía llegó al bar diciendo "¿ves Ramón? ¡Lo que yo te decía! Es la ETA la que manda en el nuevo Batasuna ese...". ¡Objetivo cumplido! ¡Brillante ejercicio periodístico!
Por un motivo u otro, descarté reflexionar aquí sobre este asunto. Tal vez pensé que la interpretación era producto de aquella subjetividad perversa. Hasta ayer.
Ayer, el gran Ignacio Escolar reflexionaba sobre este asunto. Se lo dije a mi Gema y me dijo, entre risas, "te ha pisado la idea, ahora si lo escribes pensarán que te has copiado". Le contesté que "no, al contrario, me alegro: si uno de los referentes del periodismo actual se ha dado cuenta de esto, no iba yo tan desencaminado...". Si alguien piensa que he copiado la idea, me la suda. Los que me conocen saben que no es así, y con eso me basta.
Para terminar, otra perlita. Periodista Digital dice que es Escolar quien manipula. Ahora resulta que Escolar "vitupera todo lo que no se publique en Público, diario siervo de Zapatero..."
Vivir para ver...
miércoles, 16 de febrero de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
Ganando 52 euros sin (apenas) moverme del sillón
AVISO IMPORTANTE: nadie va a encontrar aquí un remedio milagroso que pueda poner en práctica en beneficio propio.
El viernes, tras dar por concluida la siempre extenuante semana de trabajo, llegué a casa y me encontré dos sorpresas: una cartita amenazadora de nuestra querida UNED en la que me exigen el ingreso de 32 euros, en un PLAZO IMPRORROGABLE DE DIEZ DIAS (transcribo las mayúsculas, literalmente), si no deseo que den al traste con mi aventura de estudiante, reanudada una vez consolidada mi posición en el mercado laboral. El concepto del nuevo pago: pago complementario de matrícula. ¿Ein? ¿Una asignatura concreta de repente cuesta 32 euros más y las otras tres siguen valiendo lo mismo? Por otra parte, la segunda y no menos inesperada sorpresa se materializaba en forma de cargo en la cuenta: los del cable me cobran 20 euros, como quien va a la cárcel sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las veinte mil pesetas.
Pospuesta la resolución del primer particular para el lunes (por ser en exceso extraña la presencia de trabajadores en el ente universitario un viernes a las cuatro de la tarde), me dispongo a aclarar el segundo entuerto. Estimo imposible un derroche de 20 euros en llamadas, pues mis llamadas de pago se redujeron a felicitar el cumple a mi sobrina, y a algún que otro telefonazo a los 902 de turno. Las incluidas en tarifa plana, no cuentan.
Me dirigí al local de los del cable, y aclaramos el tema: se habían equivocado y en lugar de anotar 1,75 euros en llamadas, habían grabado 17,75. ¡Toma castaña! Pues nada, que me lo devuelven. Y ya de paso, aprovechando el sentimiento de culpabilidad del eficiente empleado, consigo que me adelanten la duplicación de la velocidad de Internet, prevista para las próximas semanas. Nunca mejor dicho: no hay mal que por bien no venga. Me abonarán los 20 euros (aproximadamente) y ya no se me cortan los streaming.
Recibimos al lunes sin todavía extinguirse del todo los vapores etílicos y morcillílicos de la fiesta de cumpleaños de mi suegro. ¡60 tacos! ¡Ahí está el tío! ¡Y se sube las montañas con la bicicleta que parece Virenque!
Llamo a la UNED. Tras un previsible estira y afloja en el que me intentaban convencer de que YO era quien estaba haciendo el cálculo mal, consigo una respuesta esperanzadora: "me tomo nota y que lo vea luego mi compañera; ella te llamará". Chachi. Al rato, me llama la compi. Me explica que se trata de un error. Inicialmente, en la matrícula realizada en septiembre, se calculó correctamente una reducción de un 20% en el precio de una asignatura, al no haber tutorías de ésta. Ahora, tres meses después, y tras realizar un minucioso recálculo en busca de morosos y anomalías en general, el programa no ha funcionado bien, decidiendo esta vez, porque sí, porque yo lo valgo, que no procedía el descuento del 20% y que les adeudo 32 euros. Lo que mi reducida sesera no consigue discernir es: ¿por qué en estos casos no generan una incidencia y las revisan todas antes de enviar amenazantes misivas? ¿Convertirse en alumno implica la aceptación de este tipo de decisiones unilaterales? Al menos, me ha pedido disculpas, y me ha dicho que rompa la carta. Conclusión: he ganado 32 euros. Bien está lo que bien acaba.
El viernes, tras dar por concluida la siempre extenuante semana de trabajo, llegué a casa y me encontré dos sorpresas: una cartita amenazadora de nuestra querida UNED en la que me exigen el ingreso de 32 euros, en un PLAZO IMPRORROGABLE DE DIEZ DIAS (transcribo las mayúsculas, literalmente), si no deseo que den al traste con mi aventura de estudiante, reanudada una vez consolidada mi posición en el mercado laboral. El concepto del nuevo pago: pago complementario de matrícula. ¿Ein? ¿Una asignatura concreta de repente cuesta 32 euros más y las otras tres siguen valiendo lo mismo? Por otra parte, la segunda y no menos inesperada sorpresa se materializaba en forma de cargo en la cuenta: los del cable me cobran 20 euros, como quien va a la cárcel sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las veinte mil pesetas.
Pospuesta la resolución del primer particular para el lunes (por ser en exceso extraña la presencia de trabajadores en el ente universitario un viernes a las cuatro de la tarde), me dispongo a aclarar el segundo entuerto. Estimo imposible un derroche de 20 euros en llamadas, pues mis llamadas de pago se redujeron a felicitar el cumple a mi sobrina, y a algún que otro telefonazo a los 902 de turno. Las incluidas en tarifa plana, no cuentan.
Me dirigí al local de los del cable, y aclaramos el tema: se habían equivocado y en lugar de anotar 1,75 euros en llamadas, habían grabado 17,75. ¡Toma castaña! Pues nada, que me lo devuelven. Y ya de paso, aprovechando el sentimiento de culpabilidad del eficiente empleado, consigo que me adelanten la duplicación de la velocidad de Internet, prevista para las próximas semanas. Nunca mejor dicho: no hay mal que por bien no venga. Me abonarán los 20 euros (aproximadamente) y ya no se me cortan los streaming.
Recibimos al lunes sin todavía extinguirse del todo los vapores etílicos y morcillílicos de la fiesta de cumpleaños de mi suegro. ¡60 tacos! ¡Ahí está el tío! ¡Y se sube las montañas con la bicicleta que parece Virenque!
Llamo a la UNED. Tras un previsible estira y afloja en el que me intentaban convencer de que YO era quien estaba haciendo el cálculo mal, consigo una respuesta esperanzadora: "me tomo nota y que lo vea luego mi compañera; ella te llamará". Chachi. Al rato, me llama la compi. Me explica que se trata de un error. Inicialmente, en la matrícula realizada en septiembre, se calculó correctamente una reducción de un 20% en el precio de una asignatura, al no haber tutorías de ésta. Ahora, tres meses después, y tras realizar un minucioso recálculo en busca de morosos y anomalías en general, el programa no ha funcionado bien, decidiendo esta vez, porque sí, porque yo lo valgo, que no procedía el descuento del 20% y que les adeudo 32 euros. Lo que mi reducida sesera no consigue discernir es: ¿por qué en estos casos no generan una incidencia y las revisan todas antes de enviar amenazantes misivas? ¿Convertirse en alumno implica la aceptación de este tipo de decisiones unilaterales? Al menos, me ha pedido disculpas, y me ha dicho que rompa la carta. Conclusión: he ganado 32 euros. Bien está lo que bien acaba.
viernes, 11 de febrero de 2011
El desengaño del crecimiento
De bebé pasé a ser niño; de niño a adolescente; de adolescente a jovenzuelo; de jovenzuelo a joven; de joven a todavía joven pero ya no tan joven; y creo que por ahí vamos ahora. El denominador común de estas etapas siempre ha sido mi respeto y sagrada admiración por algún sector de la población y/o sujetos concretos; inicialmente confinado a mi entorno -capitaneado éste por padres y hermanos- y ampliando miras progresivamente para ir descubriendo personajes como Rosa León, Torrebruno, Espinete, Isabel Tenaille, Gloria Fuertes, José María García y tantos otros a los que yo iba asimilando como adalides del campo que representaban.
Dicha admiración me ha llevado siempre a tener fe ciega en sus actos, palabras y decisiones. A no juzgarles ni cuestionarles. A defenderles a ultranza. Siempre creí que las personas situadas en la cima de un colectivo o institución son capaces de realizar su función mejor que nadie.
El inexorable paso del tiempo nos va poblando de arrugas, achaques y, sobre todo, de desengaños. Lo que en su momento creímos blanco ahora lo vemos negro, y viceversa.
De todas las personalidades admiradas en mi -corta o larga según con quién se compare- existencia, aquellos que siempre han merecido un respeto mayor, a mi juicio, son los políticos. Se me antoja una labor tan sumamente trascendental y complicada, en todos los aspectos, que les percibo como seres de otro mundo; su inteligencia trasciende la mía, de largo. Pero quiero que sea así: soy feliz viéndoles desde esa admiración. Supongo que me reconforta saberme conducido y protegido por superhéroes intelectuales.
Bienvenido, me digo a mí mismo, al mundo del desencanto.
En los últimos tiempos, asisto con enorme perplejidad a las declaraciones públicas que realizan unos y otros. A sus -cuestionablemente sinceras- opiniones emitidas en los medios de comunicación. Si dices algo ante un micrófono estás diciendo, a la vez, dos cosas: 1) esto es lo que pienso y 2) quiero que todos sepáis que esto es lo que pienso.
El objetivo de esta entrada/artículo/post no es hacer una relación de frases célebres. Pero no quiero terminar sin hacer una breve reflexión sobre la gota que ha colmado el vaso del chasco: "si la contaminación de Madrid asfixia, más lo hace el paro". ¿Qué nos quiere decir la actual concejal de medio ambiente de Madrid, Ana Botella? ¿Que si hay un problema grave debemos desatender el resto de cuestiones importantes? ¿Todas las concejalías de Madrid están trabajando intensamente para reducir el paro? ¿También la de Sanidad, por ejemplo?
¿Es permisible que los políticos se expresen con unos índices demagógicos que deberían estar restringidos al bar y a las tertulias telebasúricas?
Presenciar esta clase de episodios, si bien me descorazona por provocarme esa conocida sensación de "se me ha caído un mito" -obviamente, no en la figura de Ana Botella sino de los politicos en general-, no es menos cierto que me proporciona un paradójico efecto reconfortante, demostrándome que si intelectos así pueden alcanzar la cúspide de algo, ¿qué no podría hacer yo?
Dicha admiración me ha llevado siempre a tener fe ciega en sus actos, palabras y decisiones. A no juzgarles ni cuestionarles. A defenderles a ultranza. Siempre creí que las personas situadas en la cima de un colectivo o institución son capaces de realizar su función mejor que nadie.
El inexorable paso del tiempo nos va poblando de arrugas, achaques y, sobre todo, de desengaños. Lo que en su momento creímos blanco ahora lo vemos negro, y viceversa.
De todas las personalidades admiradas en mi -corta o larga según con quién se compare- existencia, aquellos que siempre han merecido un respeto mayor, a mi juicio, son los políticos. Se me antoja una labor tan sumamente trascendental y complicada, en todos los aspectos, que les percibo como seres de otro mundo; su inteligencia trasciende la mía, de largo. Pero quiero que sea así: soy feliz viéndoles desde esa admiración. Supongo que me reconforta saberme conducido y protegido por superhéroes intelectuales.
Bienvenido, me digo a mí mismo, al mundo del desencanto.
En los últimos tiempos, asisto con enorme perplejidad a las declaraciones públicas que realizan unos y otros. A sus -cuestionablemente sinceras- opiniones emitidas en los medios de comunicación. Si dices algo ante un micrófono estás diciendo, a la vez, dos cosas: 1) esto es lo que pienso y 2) quiero que todos sepáis que esto es lo que pienso.
El objetivo de esta entrada/artículo/post no es hacer una relación de frases célebres. Pero no quiero terminar sin hacer una breve reflexión sobre la gota que ha colmado el vaso del chasco: "si la contaminación de Madrid asfixia, más lo hace el paro". ¿Qué nos quiere decir la actual concejal de medio ambiente de Madrid, Ana Botella? ¿Que si hay un problema grave debemos desatender el resto de cuestiones importantes? ¿Todas las concejalías de Madrid están trabajando intensamente para reducir el paro? ¿También la de Sanidad, por ejemplo?
¿Es permisible que los políticos se expresen con unos índices demagógicos que deberían estar restringidos al bar y a las tertulias telebasúricas?
Presenciar esta clase de episodios, si bien me descorazona por provocarme esa conocida sensación de "se me ha caído un mito" -obviamente, no en la figura de Ana Botella sino de los politicos en general-, no es menos cierto que me proporciona un paradójico efecto reconfortante, demostrándome que si intelectos así pueden alcanzar la cúspide de algo, ¿qué no podría hacer yo?
miércoles, 9 de febrero de 2011
La refinanciación de Cataluña... y del resto
Por si alguien todavía no se ha enterado, una de las últimas polémicas que revolucionan este convulso país es la oportunidad que el Gobierno ha concedido a Cataluña de refinanciar su deuda -concretamente, los préstamos que vencen en 2011-, iniciativa catalogada de denigrante agravio comparativo por diversos analistas y políticos afectados.
Es muy divertido disparar una y otra vez al muñeco, sobre todo si el feriante nos autoriza a tirar sin coste alguno.
Pero yo me pregunto, ¿qué ha pasado aquí realmente? ¿Es tan sencillo esto como que el Gobierno concedió un privilegio a Cataluña -es que nos interesa para que voten a nuestro favor en la reforma de las pensiones y tal, ya sabes- o hay algo más en todo esto? Analicemos tres posibles escenarios:
Fallo de previsión: El Gobierno decide autorizar a Cataluña a refinanciarse, y a nadie se le ha ocurrido que el resto va a querer lo mismo. No sé, son bobos, pero no creo que tanto, ¿no?
Fallo en las formas: El planteamiento del Gobierno es permitir lo mismo a todas las autonomías de forma igualitaria. Como el caso catalán es en este momento -discutiblemente- el más necesitado, lo gestionan sin tranquilizar al resto: "aprobémoslo en primer lugar y a continuación abriremos la veda al resto".
Rectificación: La idea era permitírselo sólo a Cataluña pero, habida cuenta del brote de cólera originado en la zona que ocupo (Murcia y Castilla La Mancha, principalmente), tendremos que dar marcha atrás y a pajera abierta. La diferencia entre este escenario y el primero es que en éste había una intención explícita de ser inecuánime, mientras que el primero es una cuestión de "no habíamos caído".
¿Por cuál de estos casos apostáis?
En cualquiera de los tres, las reacciones de los dirigentes autonómicos ha sido un pelín exagerada, en mi opinión (aunque por otra parte muy consecuente con estos tiempos de crispación continua que vivimos): ¿no parece más lógico hacer la solicitud y si no te la conoceden, entonces quejarte? ¿Por qué asumen todos que van a ser tratados injustamente? ¿Es una cuestión de "vamos a quejarnos pronto, que al último que reclame no le llega"?
Y, al margen de por qué ha actuado el Gobierno de esta forma: ¿nos parece bien que autoricen esta refinanciación? Estoy de acuerdo con que no es de recibo que los gobiernos autonómicos y los ayuntamientos gasten más de lo que ingresan pero, ¿es este caso equiparable al hijo que gastó su paga en chuches el primer día y, para que aprenda, no le conocedemos una paga extra? Yo creo que no, pues las consecuencias de prescindir de elevadas dosis de Peta Zetas y Lolly-Pops durante una semana no son tan negativas como las que provoca la morosidad de las instituciones locales.
Soy partidario de que "quien la hace, que la pague", pero hay que buscar formas de que la pague sin perjudicar a tantos millones de personas.
Es muy divertido disparar una y otra vez al muñeco, sobre todo si el feriante nos autoriza a tirar sin coste alguno.
Pero yo me pregunto, ¿qué ha pasado aquí realmente? ¿Es tan sencillo esto como que el Gobierno concedió un privilegio a Cataluña -es que nos interesa para que voten a nuestro favor en la reforma de las pensiones y tal, ya sabes- o hay algo más en todo esto? Analicemos tres posibles escenarios:
Fallo de previsión: El Gobierno decide autorizar a Cataluña a refinanciarse, y a nadie se le ha ocurrido que el resto va a querer lo mismo. No sé, son bobos, pero no creo que tanto, ¿no?
Fallo en las formas: El planteamiento del Gobierno es permitir lo mismo a todas las autonomías de forma igualitaria. Como el caso catalán es en este momento -discutiblemente- el más necesitado, lo gestionan sin tranquilizar al resto: "aprobémoslo en primer lugar y a continuación abriremos la veda al resto".
Rectificación: La idea era permitírselo sólo a Cataluña pero, habida cuenta del brote de cólera originado en la zona que ocupo (Murcia y Castilla La Mancha, principalmente), tendremos que dar marcha atrás y a pajera abierta. La diferencia entre este escenario y el primero es que en éste había una intención explícita de ser inecuánime, mientras que el primero es una cuestión de "no habíamos caído".
¿Por cuál de estos casos apostáis?
En cualquiera de los tres, las reacciones de los dirigentes autonómicos ha sido un pelín exagerada, en mi opinión (aunque por otra parte muy consecuente con estos tiempos de crispación continua que vivimos): ¿no parece más lógico hacer la solicitud y si no te la conoceden, entonces quejarte? ¿Por qué asumen todos que van a ser tratados injustamente? ¿Es una cuestión de "vamos a quejarnos pronto, que al último que reclame no le llega"?
Y, al margen de por qué ha actuado el Gobierno de esta forma: ¿nos parece bien que autoricen esta refinanciación? Estoy de acuerdo con que no es de recibo que los gobiernos autonómicos y los ayuntamientos gasten más de lo que ingresan pero, ¿es este caso equiparable al hijo que gastó su paga en chuches el primer día y, para que aprenda, no le conocedemos una paga extra? Yo creo que no, pues las consecuencias de prescindir de elevadas dosis de Peta Zetas y Lolly-Pops durante una semana no son tan negativas como las que provoca la morosidad de las instituciones locales.
Soy partidario de que "quien la hace, que la pague", pero hay que buscar formas de que la pague sin perjudicar a tantos millones de personas.
martes, 8 de febrero de 2011
Batasuna y la división de poderes
La legalización del nuevo Batasuna es un tema realmente complicado que, como casi todo en estos tiempos que corren, está generando opiniones para todos los gustos. Las personalidades del mundo del periodismo, la política y la farándula en general, han tomado las posiciones esperadas desde el principio, sin sorpresas: la izquierda desde su inherente tolerancia y relativa candidez; la derecha, blandiendo el dedillo acusador y la tolerancia cero.
No tengo claro qué opina mi sentido común en este asunto, aunque sí veo dos aspectos que parecen obvios: la legalización de un partido político no depende de si comulgamos con su planteamiento sino de que cumpla o no la Ley de Partidos. Por otra parte, cualquiera diría que los portavoces habituales de medios y (algunos) partidos no han entendido todavía la división de poderes de nuestro Estado en Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Las cuestiones que competen al Poder Judicial, deben ser resueltas por los jueces, y la legalización de un partido político es una de ellas.
Esta aparentemente débil frontera entre los tres poderes es también una de las claves de la Ley Sinde, aunque yo no la mencionara en mi reflexión de hace unos días: no conviene trasladar ciertas cuestiones del Judicial al Ejecutivo. Los asuntos en los que se ve involucrada la propiedad intelectual, son muy complicados y con gran cantidad de matices: deben ser resueltos por jueces, no por una comisión dependiente del Ejecutivo (Ministerio de Cultura, en este caso).
Volviendo al tema de Batasuna, insisto: no sé qué pensar. Por un lado, en su declaración de intenciones afirman condenar la violencia, matizando expresamente que "también la violencia de ETA". Según La Razón, condenan la violencia tibiamente y es ETA quien está realmente detrás de todo esto. Viniendo de donde viene, huele a manipulación. Pero claro, si tenemos en cuenta que Rufino Etxebarria -uno de los artífices de este nuevo proyecto- siempre ha sido uno de los tipos importantes en todas las formaciones políticas anteriores que nunca han condenado a ETA, pues no sé. ¿Debemos perdonarle? ¿Qué pensáis?
No tengo claro qué opina mi sentido común en este asunto, aunque sí veo dos aspectos que parecen obvios: la legalización de un partido político no depende de si comulgamos con su planteamiento sino de que cumpla o no la Ley de Partidos. Por otra parte, cualquiera diría que los portavoces habituales de medios y (algunos) partidos no han entendido todavía la división de poderes de nuestro Estado en Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Las cuestiones que competen al Poder Judicial, deben ser resueltas por los jueces, y la legalización de un partido político es una de ellas.
Esta aparentemente débil frontera entre los tres poderes es también una de las claves de la Ley Sinde, aunque yo no la mencionara en mi reflexión de hace unos días: no conviene trasladar ciertas cuestiones del Judicial al Ejecutivo. Los asuntos en los que se ve involucrada la propiedad intelectual, son muy complicados y con gran cantidad de matices: deben ser resueltos por jueces, no por una comisión dependiente del Ejecutivo (Ministerio de Cultura, en este caso).
Volviendo al tema de Batasuna, insisto: no sé qué pensar. Por un lado, en su declaración de intenciones afirman condenar la violencia, matizando expresamente que "también la violencia de ETA". Según La Razón, condenan la violencia tibiamente y es ETA quien está realmente detrás de todo esto. Viniendo de donde viene, huele a manipulación. Pero claro, si tenemos en cuenta que Rufino Etxebarria -uno de los artífices de este nuevo proyecto- siempre ha sido uno de los tipos importantes en todas las formaciones políticas anteriores que nunca han condenado a ETA, pues no sé. ¿Debemos perdonarle? ¿Qué pensáis?
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